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 La ultima Sonrisa

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choylefut
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Fecha de inscripción : 10/03/2008

MensajeTema: La ultima Sonrisa   Lun 5 Mayo 2008 - 23:47

Bueno ya q Darwan tuvo la paciencia de leer el anterior Razz posteo el otro, q sí ganó el primer premio. Mismo concurso pero el año anterior, bases: un enano, un elfo daguero y tema: la venganza. ^^ Buena lectura

La última Sonrisa


El golpe contra el suelo fue duro... Su cuerpo rodó varios metros antes de toparse con una pequeña formación rocosa que detuvo el avance dándole apenas unos segundos de velada conciencia para respirar. Intentó ponerse de rodillas, temblando sus delgados brazos mientras tosía convulsionándose de dolor por los golpes recibidos. La mirada celeste de aquella criatura acorralada destelleó entre los lacios mechones de su cabello que se pegaban a su rostro empapado por finos hilos de sangre que surgían de la brecha que laceraba su mejilla. Una nueva patada impactó de lleno en su abdómen haciéndola caer al suelo otra vez quedando ahora su cuerpo maltrecho mirando al cielo estrellado, sin fuerzas para cubrirse siquiera de un nuevo golpe, laxa su daga en su mano derecha. Unos ojos rojizos y crueles la miraban desde la propia oscuridad de la noche, o eso le parecía a ella, cuya velada mirada apenas distinguía el contorno del elfo oscuro que pasando un pie por encima de su vientre se quedó observándola, con una daga en cada una de sus manos, goteando sangre roja y espesa de ambos filos.



_ Siempre me gustó el sabor de la sangre de las hijas de Eva... Lástima que pocas veces tenga oportunidades tan deliciosas como esta para deleitarme..._susurró con voz sibilante, lamiendo la negra hoja de su daga manchada por el carmesí color de la sangre de ella. _ Deliciosa...



_ Perro oscuro... _ fueron las débiles palabras que replicó iracunda la doncella élfica contraído su rostro por el dolor y el odio. Poco más que eso quedaba en su cuerpo ya, pero ese orgullo incombustible y eterno no desaparecía de su regia mirada que se clavaba en el drow traspasándole como dos pedazos de hielo azulado. Sacando fuerzas de flaqueza su mano lanzó una débil pero rápida estocada por debajo de la rodilla del oscuro ser, destinada a destrozar los ligamentos que mantenían sana y unida esa parte de su cuerpo. El gesto fue bueno, la intención también, pero la hoja resbaló sonoramente golpeando contra la protección metálica de la bota lo cual hizo sonreír al drow con perversa y satisfecha malicia.



_ A la gatita aún le quedan uñas para luchar...veo... _ su lengua se paseó lascivamente sobre sus labios haciendo resaltar húmedas y brillantes esas finas líneas moradas, curvadas en un sonrisa de puro sadismmo. _ No me obligues a cortarte las manos, prefiero que las conserves para seguir jugando zorra blanca... _ Su risa resonó en el aire como una cruel premonición de muerte y su mano asió la pálida y desnuda muñeca tirando de ella hacia sí...



_ Te obligaré a matarme antes de darte el más mínimo atisbo de placer bastardo traidor... _exclamó ella mientras escupía al rostro de aquel malnacido que apenas lo giró unos centímetros, lo justo para que le impactara en la mejilla, emitiendo una sonrisita complacido.



_ Tarde... Ya me lo estás dando gatita... ¡Thoren, enano inútil! Entra en la casa y busca el libro, tengo trabajo que hacer... _ gritó al enano que estaba a su espalda observando la escena con gesto aburrido, parado con su martillo al hombro. _ Y mata todo lo que encuentres dentro, te veo hastiado... _ añadió con una envenenada sonrisa mientras se deleitaba con la mirada de terror que asoló aquellos ojos celestes. _ Tranquila... no les dolerá... Thoren sabe hacerlo rápido, sus pequeños cráneos no oponen demasiada resistencia a los martillos... jajaja... ¿Cuántos son? ¿Dos... quizá tres? Dudo seas mucho más prolífica que eso..._escupió despectivamente observando con lascivia esas delgadas formas que se atisbaban bajo la ropa de dormir.



_ ¡¡Bastardo!! ¡¡Maldito seas entre los tuyos!! _ gritó ella ahora sí desesperada, forcejeando con el elfo oscuro, siendo inútil su escasa oposición contra esos férreos brazos de endemoniada fuerza. El sonido del hueso al quebrarse resonó acallado por el grito de dolor que emanó de esos rosados labios, quedando congelados en una mueca de estoico sufrimiento, abriéndose lánguidamente sus largos y finos dedos, ya privados de toda fuerza, para dejar caer la daga al suelo. La hermosa empuñadura de marfil y piedras preciosas brilló sobre la hierba verde apenas unos instantes, apagándose el fuego dorado que iluminaba las runas de su hoja en cuanto abandonaron la mano de su portadora.



_ Ahora me toca a mí divertirme... _susurró justo en su oído, dando un ligero mordisquito en la blanca punta de su oreja. La elfa cerró los ojos... y una única lágrima brilló en estos al ver como el enano desaparecía dentro de la casa.





Dentro de aquella estancia el ambiente era acogedor, poco tenía que ver con el terror vivido fuera. La sala estaba recogida... todo pulcramente limpio y ordenado. Una cabaña sencilla pero con el incomparable toque élfico despuntando en cada rincón... En un arcón de madera y mithril, junto con algunas antiguas prendas de mago, el enano halló un libro de magia de tapas azules con dos alas entrelazadas grabadas en oro. Lo observó con cuidado, comprobando si era aquello lo que buscaban y luego ascendió para cumplir el resto de su cometido. Subió trabajosamente por las escaleras de madera, que crujieron lastimeramente debido a su gran peso. Estaba viejo ya para aquel oficio, demasiados años de mercenario con aquel loco de Kylhar. Bah, algún día les matarían a ambos por su culpa... En cuanto volvieran a Gludio cobraría su parte con la entrega del libro y regresaría a Elmore. Sus cansados huesos ya se lo pedían a gritos y él deseaba algo más que estar siempre de un lado a otro haciendo trabajos sucios a cambio de unas monedas.



Las dos primeras habitaciones estaban vacías, quedando sólo dos puertas al fondo.



Abrió la primera. Dos niños descansaban dormidos sobre dos camas de madera blanca, ajenos a lo que estaba ocurriendo, asomando sólo sus cabecitas rubias por debajo de las mantas. Apenas contarían con unos ocho o diez años humanos, y sus aniñadas y dulces faces mostraban una perezosa sonrisa fruto de los hermosos sueños que sin duda ocupaban sus mentes ahora.



_Bueno, dormidos es más fácil... gritan menos _se dijo el enano, a quien esta parte del trabajo le desagradaba profundamente. Las monedas de oro estaban bien, pero el matar pequeños dormidos no iba con él... Él no era un verdugo, o eso le gustaba pensar.



El martillo se levantó por dos veces, y por otras dos cayó. La sangre salpicó la blancura de la habitación. No hubo ni un grito, ni una protesta... Bajó el martillo, que dejó un reguero de sangre roja sobre la madera del suelo, como mudo testigo de lo sucedido. Observó su obra unos instantes, no se sentía orgulloso de lo que había hecho, pero tampoco culpable. Eran cosas que a veces sucedían, y sobre todo, eran órdenes de Kylhar. Suspiró asqueado y se mesó la barba rojiza con un gruñido de protesta.



En ese momento, el sonido de un grito dolorido del drow le saco de su contemplación de los cadáveres de los niños. Asomó su cabeza tras el cristal de la ventana para observar como el elfo oscuro sostenía ahora el cuerpo semidesnudo de la mujer elfa delante del suyo, en cuyo costado se había clavado profundamente una flecha de brillante penacho blanco manchada ahora por la violácea sangre del drow. De espaldas a la casa, un elfo de portentosa estatura sostenía un enorme arco con la facilidad de quien lleva siglos de existencia haciéndolo. Kylhar, colocaba su daga bajo el cuello de la mujer que, mortificada, intentaba desasirse con su único brazo sano.



_ ¿La quieres?_ gritaba Kylhar. _ Baja ese arco y quizás no la mate delante de tus ojos estúpido elfo. Un solo movimiento... y ... _ su sonrisa y sus malignos ojos lo decían todo, mientras el filo de la daga acariciaba el pálido y suave cuello de la doncella. El elfo bajó el arco templadamente, dejándolo a un lado, el rostro tenso pero frío, la mirada serena. El viento gélido de la noche agitó sus lacios cabellos rubios, recogidos en parte en tres pequeñas trenzas a ambos lados de sus sienes. Realmente su sola mirada podría infundir temor a alguien que no fuera Kylhar. Pero el elfo oscuro, a pocas cosas temía ya, no quedando en su mente resquicio alguno para la cordura o el miedo a la muerte.



El enano, armó de nuevo su martillo y bajó las escaleras, saliendo al exterior. Kylhar lo vio salir, sonriendo y con los ojos brillando de pura maldad. Su daga, se movió certera, secamente, degollando el blanco y císneo cuello de su presa, cuyos ojos se velaron al instante, quedando su rostro contraído en una mueca de dolor e incredulidad.



_ Toda tuya elfo, yo ya me he cansado de ella..._ gritó con su sádica y cruel voz, dejando caer el menudo y frágil cuerpo ante los ojos del elfo, cuyo rostro pareció perder todo color. Ella cayó boca abajo con un ruido amortiguado y los rubios cabellos se desparramaron sobre la hierba, cubriendo el hermoso rostro ya sin vida, mientras bajo ese mar dorado se formaba otro de intenso color rojo.



El elfo no emitió sonido o palabra alguna. Una daga apareció en su mano, rauda, veloz, una daga igual a la que descansaba sobre la hierba y había perteneceido a la fallecida dama élfica. Kylhar no la advirtió, embebido en su propia victoria, con ese desdén a la propia vida como sólo puede tenerlo quien tan fríamente trunca la de otros. La hoja élfica se enterró en su cuello, seccionando sus cuerdas vocales, haciendole brotar un gorgoteante chorro de morada sangre del interior de su boca, y caer de rodillas entre estértores de muerte. Sin embargo, ese rictus burlón no se borró de su rostro ni aún así, y sujetándose la garganta con las manos pudo observar antes de cerrarlos para siempre, como el martillo de Thoren abatía el cuerpo del elfo, haciéndole caer a tierra bajó el impacto de tan salvaje golpe.


Última edición por Vadiane el Lun 5 Mayo 2008 - 23:47, editado 1 vez
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choylefut
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MensajeTema: Re: La ultima Sonrisa   Lun 5 Mayo 2008 - 23:47

**********


Thoren observó las nieves perpetuas de las montañas de su hogar, tomando una larga bocanada de su pipa, paladeando el sabor rancio y profundo del tabaco. Se mesó perezosamente su barba antaño rojiza, encanecida ahora por el paso del tiempo mientras dejaba en el suelo el saco con pieles que eran el fruto del trabajo de ese día que ya moría. Su prominente barriga protestaba sonoramente, clamando una buena cena ya y sus ojillos negros brillaron al divisar la pequeña cabaña que era su hogar y el de su familia.



Cargó de nuevo el saco a su espalda y siguió caminando por el sendero que bordeaba la costa, escuchando el rugido del grisaceo mar al estrellarse contra las rocas de los acantilados. La bruma empezaba a acariciar sus pesadas botas de cuero, naciendo desde el agua y lamiendo las primeras leguas de tierra a su alcance. La cabaña se borró de su visión y la niebla inundó todo, dejando el camino sepultado en su vaporosa blancura.



Thoren refunfuñó cansado, dando una fuerte calada a la pipa y prosiguió su avance hasta que los contornos de su cabaña volvieron a emerger precisos y acogedores frente a él. La luz anaranjada del fuego brillaba en las ventanas de la planta baja desde donde ya llegaba el delicioso olor del guiso que Dhalia, su esposa, le pondría esa noche como cena. Sonrió contento, contento de su vida, su paz, de sus hijos Lehor, Thior, la pequeña Hannah y... Lalaith... de todo lo que había conseguido en aquellos años. Se sintió feliz y pleno, pues esa felicidad acallaba su conciencia no demasiado limpia, lo suficiente como para dormir por las noches como un enano normal.



Sin embargo, y conforme se acercaba a la cabaña, su sonrisa se borró de su rostro al ver como una figura encapuchada emergía de la puerta de esta frente a él, embozada y algo encorvada, no pudiendo disimular su gran altura. El enano se detuvo en seco, alerta, quedando su rostro demudado cuando una voz fría y grave surgió bajo esa capa. Una voz que, pese a que nunca la llegó a escuchar, sabía a quien pertenecía, y cuya mirada cargada de dolor y odio se le clavó profundamente en el alma, haciéndole dar un paso atrás. El saco de pieles cayó al suelo, y el martillo colgó laxo en su mano desprendiéndose la pipa de entre sus labios cayendo y enterrándose en la nieve removida del camino.



_ He venido a cobrar mi venganza... _ musitó simplemente, mientras la capa se abría, mostrando en su blanca mano derecha una daga de clara manufactura élfica, de mango de marfil y curvada y hermosa hoja de mithril, brillando las doradas runas élficas en esta bajo la espesa capa de sangre fresca que la cubría.



_ ¡¡Tú... estabas muerto!! ¡¡Yo te maté!!¿¡Qué le has hecho a mi familia elfo!? _ el enano reaccionó levantando su martillo amenzador, tomándolo ahora firmemente con las dos manos.



_ He venido a cobrar mi venganza... _ repitió simplemente como un autómata, levantando la daga ensangrentada, dispuesto a cobrarse ya su descanso... descanso merecido y buscado durante muchos años.



La capucha del elfo cayó hacia atrás, esos ojos grises brillaron tras los rubios cabellos que aún se peinaban sujetos por tres finas trenzas. Sus labios finos y apretados no mostraban expresión alguna. Thoren aulló de rabia comprendiendo lo sucedido, sin poder culpar realmente a aquel elfo de lo que había hecho, pero sacudido por el dolor de la pérdida de lo suyo propio. Por primera vez, en toda su vida, comprendía el dolor que él mismo había causado en el pasado, todo cuanto había destruído, pero sin embargo, era incapaz de asimilarlo ahora al sentirlo en su propia piel.



_ Que Maphr te perdone, porque yo ni en un millón de siglos de existencia podré hacerlo... y tú ni en la eternidad de tu muerte podrás soportar el dolor que causaste en el pasado a otros... y en el presente a los tuyos. _ la daga se levantó en el aire y el elfo cerró los ojos. _ Que Eva me perdonea mí...



Su cuerpo avanzó limpia y rápidamente, sin darle tiempo al enano siquiera a parpadear. El filo se hundió en su costado, profundamente, guiado por esa fuerza que tan sólo el odio puede dar... hasta que la empuñadura topó contra la carne y no avanzó más. Thoren soltó el martillo que nunca llegó a usar con un grito de dolor, teniendo frente a su rostro la cara del elfo que durante unos instantes le observó fríamente, hasta que sus labios se crisparon en un rictus de dolor y sus manos perdieron fuerza sobre la daga..



Thoren no comprendió, velados ya casi sus ojos por la muerte, pudo observar otra sombra tras el elfo. Una silueta alta y delgada también... rubia y de hermosos ojos celestes que le trajeron aún más recuerdos de antaño.



_ ¡Padre!... ¿Qué ha ocurrido? ¿Qué sucedió en la cabaña? _ gritó la voz clara y cristalina, empañada por el llanto arrodillándose en la nieve manchada para tomar el pesado cuerpo del enano del suelo, con suma delicadeza y cariño.



El elfo sintió su barbilla temblar por primera vez en muchos años, y su cuerpo cayó al suelo, con una daga idéntica a la suya propia clavada en el pecho. Bajó la mirada unos instantes, hacia la empuñadura de marfil y el brillo de las gemas le hizo entrecerrar sus cansados ojos, alzándolos luego hacia la espigada figura de una joven elfa que sobre él observaba el cuerpo caído del enano, apuñalado por una daga que ella reconoció igual a la suya.



El elfo sonrió, como no lo había hecho en siglos, y sus ojos se velaron humedecidos por las lágrimas que por primera vez desde aquella trágica noche brotaron de sus ojos por algo más que por la ira y el dolor.



_ Mi pequeña Lalaith... siempre supe... que estabas viva.... _ susurró mientras un fino hilo de sangre manchaba la comisura de sus labios. La joven muchacha entreabrió los suyos, tragando saliva audiblemente, observando sin entender, paralizada entre los cadáveres de ambos hombres.



_ Padre... ¿qué...? ¿por qué sabe mi nombre? _ su vista se volvió hacia Thoren incrédula, buscando una explicación temblando todo su cuerpo por un llanto contenido por el terror que estaba viviendo y porque por primera vez en su vida, sus manos estaban manchadas de sangre.



_ Perdóname hija mía... _ el anciano enano sollozó derrotado, de rodillas en el suelo, observando la daga que le atravesaba , enterrándose dolorosamente en su carne. Pero ningún dolor físico podía superar al que estaba consumiendo su alma._ Nunca.... quise que esto pasara...



_ ¿Esto?... ¿Qué quieres decir padre?... ¿Quién es este elfo? ¿Por qué quiere matarte?



La muchacha acariciaba el cabello del viejo enano, sujetándole con cuidado, mientras su rostro se giró hacia el elfo que ella misma había apuñalado observando la plácida tranquilidad y las lágrimas que velaban sus ojos. Sus labios se despegaron costosamente unos instantes, surgiendo de ellos sus palabras sinceras las únicas que pudiera pronunciar en el último aliento de su sacrificada existencia.



_ Tu madre se habría sentido orgullosa de ti... mi niña... Ahora sé que al menos tú estás bien... y que nuestra familia ha sido vengada..._un pequeño hilo de sangre escapó de entre sus labios manchando su rostro macilento y cansado. Jadeó y con un gesto lleno de melancolía acarició la daga hundida en su pecho como si acariciara las manos de aquella que un día la empuñara, aquella con la que estaba a punto de reunirse tras muchos años de espera._ No te culpes por nada de lo sucedido... mi pequeña... Cumplí mi venganza... Ya puedo morir en paz... Que... que Eva te proteja mi Lalaith, mi última “sonrisa”[1]...



Finalmente, tras todos aquellos siglos de lucha, el guerrero elfo pudo cerrar sus grises ojos para siempre, quedando su rostro relajado y sereno... en paz.



Thoren apretó los puños, acariciando la nívea palidez del rostro de la que él llamara siempre su “hija”. La joven elfa le sostenía en brazos sin entender, encharcados sus ojos por las lágrimas no queriendo creer las palabras de aquel elfo cuya vida ella había segado.



_ Perdoname Lalaith... perdona a este viejo enano hija mía... Yo sólo deseaba darte lo que te arrebaté...



El anciano sollozó al sentir como el abrazo de su “hija” se aflojaba, y como ella se quedaba rígida y quieta observándole, incapaz de articular palabra...



_ Pa...padre..._ sintió que su mundo se resquebrajaba, y que su corazón se deshacía en su pecho, clavada su mirada en el cadáver del encapuchado, cuya regia sangre manchaba la nieve.



_ Per... perdóname... mi sonrisa... No debía ocurrir así... _susurró la moribunda voz del enano antes de cerrar sus ojos para siempre.





Una pequeña figura rubia asomó por la puerta de la cabaña. No debía contar con más de un par de primaveras y por sus pasos vacilantes se la veía aún medio dormida. Sus blancos piececitos pisaron la húmeda hierba sujetando con sus manitas un pequeño unicornio de trapo que arrastraba lánguidamente sus blancas crines de lana por el suelo. Se frotó los ojos aún somnolienta mientras dejaba atrás la casa, avanzando hacia el lugar donde un enano armado con un gran martillo observaba con ojo crítico una hermosa daga que tenía en sus manos.



_ ¿Ada?¿Amil?[2]... _ inquirió en su musical lengua, aún dormida, colocándose junto al enano tironeando suavemente de su jubón. Alzó la mirada hacia el guerrero de barba pelirroja sin entender, por suerte sus ojos dormidos no habían visto aún los cuerpos de sus padres tendidos en el suelo.



Thoren el enano bajó la mirada, alzando el martillo con gesto molesto. La niña le miraba con un puchero en su rostro y esos ojos azulados e inocentes se clavaron en los suyos en un mudo gesto de incomprensión. Ya no fue capaz de bajarlo.



_¿Cómo te llamas pequeña? _ la tosca manaza del enano se apoyó sobre aquella cabecita rubia que volvía a cabecear llena de sueño. Su vocecita resonó adormilada mientras apoyaba su pequeño rostro en la prominente barriga del enano y contra esta, frotaba su mejilla en medio de un gran bostezo.

_ Me llamo Lalaith... ¿Nos vamos a casa?



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[1] Lalaith: Sonrisa en idioma élfico.

[2] Ada: Papá / Amil: Mamá en idioma élfico.
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MensajeTema: Re: La ultima Sonrisa   Mar 6 Mayo 2008 - 1:11

recuerdo leer esto en una mañana fria con un cafe en la mano y que al final de la lectura tener la misma tasa aun llena pero con el cafe frio ^^ un muy buen final nuevamente congratz por ese concurso
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MensajeTema: Re: La ultima Sonrisa   Mar 6 Mayo 2008 - 10:27

Dios, es buenísimo. Estoy en la oficina y no he podido separar los ojos de la pantalla en media hora XD

No me extraña que ganases, es una auténtica pasada.

Enhorabuena!!
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MensajeTema: Re: La ultima Sonrisa   Hoy a las 14:52

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